En exhibicion

JUN 18 → AGO 21, 2026

Artistas / Diseñadores

Hay formas que parecen haber crecido, aunque hayan sido diseñadas. Hay estructuras que, aun naciendo de una regla, conservan algo de impredecible. Entre lo que la naturaleza produce y lo que el ser humano construye existe un territorio intermedio: un lugar donde observar y diseñar se convierten en una misma acción.

Hay formas que parecen haber crecido, aunque hayan sido diseñadas. Hay estructuras que, aun naciendo de una regla, conservan algo de impredecible. Entre lo que la naturaleza produce y lo que el ser humano construye existe un territorio intermedio: un lugar donde observar y diseñar se convierten en una misma acción.

Para nombrar ese espacio existe un antecedente. En 1541, el humanista Jacopo Bonfadio acuñó el término terza natura para describir los jardines del lago de Garda. Frente a la distinción clásica entre una primera naturaleza—salvaje e intacta—y una segunda naturaleza —transformada por el cultivo—, Bonfadio encontró un paisaje que no pertenecía por completo a ninguna de las dos. Allí, la naturaleza intervenida por el arte adquiría una condición distinta: seguía siendo naturaleza, pero era también artificio. Juntas, producían una tercera naturaleza.

La palabra artificio proviene del latín ars y facere: lo hecho con arte, lo hecho deliberadamente. No designa lo opuesto a lo natural, sino aquello que incorpora una intención humana.

En ese sentido, el artificio no reemplaza a la naturaleza; la prolonga. La práctica de Tania Alvarez Zaldivar puede leerse desde esa misma lógica. Si para Bonfadio la industria era el trabajo humano capaz de producir una tercera naturaleza, hoy ese lugar lo ocupan herramientas como una curva de Bézier, una definición paramétrica o una línea de código. Son los instrumentos con los que la artista diseña sistemas: estructuras capaces de generar variaciones, comportamientos y familias enteras de formas. La precisión matemática de estos procesos nunca desemboca en rigidez; por el contrario, produce superficies y volúmenes que conservan la irregularidad, la tensión y la capacidad de transformación propias de lo vivo.

Esta manera de pensar la forma nace de una trayectoria que cruza la tipografía, el diseño gráfico, el diseño de producto y el arte digital. Diseñar una tipografía implica construir un sistema de relaciones donde cada carácter responde a la mismas reglas sin dejar de ser singular. Esa lógica atraviesa toda la obra de Zaldivar: las obras no son resultados aislados, sino manifestaciones distintas de un mismo lenguaje.

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