Rodrigo Red Sandoval: Desde la Periferia
por Andrea García Cuevas
3 de junio del 2015
“Me gusta la indefinición porque rompe las fronteras de las disciplinas y el lenguaje con el que abordamos las cosas.”
“Mi práctica la abordo desde la periferia de las disciplinas, como el antidiseñador, el antiartista y el antiarquitecto. "
"La periferia permite ver las cosas con cierta distancia. Sin embargo, de entre todas las disciplinas la más laberíntica es la del artista."
"Ludopatía ll", Rodrigo Red Sandoval, 2013.
"Desestructuración", Rodrigo Red Sandoval, 2012.
"Fruit Tenants", Rodrigo Red Sandoval, 2014.
La práctica de Rodrigo Red Sandoval se encuentra cercana a la multidisiciplina o, más precisamente, a la transdiciplina[1]. Y en su trabajo parece no haber lugar para las definiciones convencionales o establecidas del diseño, el arte o la arquitectura. Para describirlo, él sugiere recurrir a la indefinición, a aquel territorio de intersticios donde no sólo se borran los límites sino se da paso a la diversidad de intercambios: “Me gusta la indefinición porque rompe las fronteras de las disciplinas y el lenguaje con el que abordamos las cosas.”
 
Así, Red Sandoval (México DF, 1985) no se define por las herramientas o valores —estéticos o conceptuales— a los que recurre en cada área para desarrollar sus proyectos. No es artista, diseñador o arquitecto, sino todo lo contrario. “Mi práctica la abordo desde la periferia de las disciplinas, como el antidiseñador, el antiartista y el antiarquitecto. La periferia permite ver las cosas con cierta distancia. Sin embargo, de entre todas las disciplinas la más laberíntica es la del artista; es difícil llegar a la periferia de la ciudad del arte, cuando parece que estás a punto de tocarla te encuentras en el centro. Es sumamente paradójica”, explica.
 
La visión transversal y de cruces de Sandoval está mediada, quizá, por sus antecedentes académicos. Su formación ha estado marcada por la experiencia artística, el rigor técnico y el análisis del pensamiento: es artista visual, pero también estudió diseño industrial y filosofía. Este recorrido se trató de una estrategia para alcanzar los objetivos que persiguen sus proyectos y desarrollar un marco teórico que el diseño no le proporcionaba.
 
Cada una de sus carreras le ha permitido aportar perspectivas múltiples a su trabajo. No obstante, es en el arte donde ha encontrado un eje discursivo y de identidad creativa: “Para mí, el punto de convergencia es el arte. Una obra de arte es un espacio que permite los multilenguajes: el verbal, el no verbal o su combinación. El diseño, por otro lado, me interesa en su sentido más básico, casi etimológico, como preparación para que algo pueda ser creado; un punto de partida en el que las formas comienzan a ser pensadas o proyectadas de manera prefigurativa.”  
 
En este contexto, y desde el encuentro entre el arte y el diseño, el creador ha explorado —práctica y conceptualmente— uno de sus principales intereses: el espacio, “una dimensión de la realidad humana donde proyectamos significado. Allí viven nuestra memoria, nuestra conciencia. Sin el espacio, nuestro sentido de individualidad desaparecería, el espacio nos contiene física y simbólicamente.”  
 
Para acercarse a aquel lugar de intercambio, donde el sujeto que está presente es afectado y al mismo tiempo construye el sentido del contexto, Sandoval ha recurrido a las posibilidades que ofrecen los lenguajes de la escultura, el performance y la arquitectura. Si “el espacio y los objetos moldean al individuo y viceversa”, entonces importa lo performático que la escultura y el movimiento son capaces de detonar. Así se puede ver en Desestructuración (2012), una pieza escultórica que, desde la ilusión de un rompecabezas, deconstruye un espacio cualquiera. O en Something Sitting Somewhere (2014), donde lo espacial se presenta a la vez real y abstracto por la performatividad que se puede ejercer en los mundos real y virtual.
 
En Inquilinos Frutales (2014) —para Ángulo Cero—, Sandoval tomó como fuente de inspiración y principio de sentido dos aspectos clave en la historia del arte y del diseño: la pintura metafísica de Giorgio de Chirico y el movimiento italiano Memphis de la década de los 80. Estas esculturas funcionales son pequeñas arquitecturas que parecen salidas del espacio pictórico trazado por el pintor italiano, en donde los frutos ejercen el carácter tridimensional de la escultura.
 
Estas piezas sintetizan los intereses de Red Sandoval y proyectan su percepción sobre la relación entre lo performático y lo escultórico: “Disfruto borrar la barrera entre performance y escultura.”
 

[1] La transdiciplina se endiente como un ejercicio donde los límites que cada campo de conocimiento involucrado en un proceso o un objeto son inconcebibles. En este contexto, los lenguajes y metodologías propios de cada disciplina son clave para la producción creativa.