El Archivo de la Naturaleza
Este compromiso con el lugar es inseparable de su técnica. Trabajando principalmente en xilografía —un medio que exige paciencia, presión física y un conocimiento íntimo del material—, construye imágenes que funcionan simultáneamente como obras de arte y como archivo. Cada forma vegetal que talla e imprime se convierte en un registro: preciso, deliberado y discretamente urgente. La matriz conserva la veta de la madera, las irregularidades de la presión, la sutil textura del papel de algodón subyacente; detalles que mantienen sus imágenes arraigadas en el mundo físico, aun cuando tienden hacia lo gráfico y lo audaz.
Su serie HELECHOS, realizada sobre papel de algodón, destila este impulso hacia su forma más concentrada. Las siluetas superpuestas de los helechos —representadas en verdes apagados, ocres cálidos, malvas polvorientos y rosas suaves— llevan el peso de la clasificación científica y de algo más visceral: un deseo, como la propia artista lo ha descrito, de que a través del acto de dibujar pueda volver inmortales a las plantas. Cada grabado aísla un solo espécimen contra un campo de color, donde las capas superpuestas de la matriz de madera crean una sutil transparencia en la intersección de las formas. El resultado es simultáneamente taxonómico y tierno. No se trata de ilustraciones de la naturaleza; son argumentos a favor de su existencia continuada.
Eliminando las fronteras entre arte y territorio, sus xilografías no solo representan el bosque de niebla, sino que lo habitan y preservan activamente.
Su actual línea de investigación, JARDÍN PARA POLINIZADORES, extiende esta lógica hacia la biología reproductiva de las epífitas del bosque de niebla. Siguiendo los ciclos nocturnos de polinización de las polillas —lo que Prudencio califica como algo «raro y notable, fantástico y desconocido»—, el proyecto se desplaza entre la investigación científica y la atención poética. Las polillas son esenciales para la supervivencia de muchas especies epífitas y, sin embargo, están ausentes en gran medida tanto de la literatura botánica como de la imaginación cultural.
El trabajo de Prudencio las saca a la luz: a través de registros gráficos que documentan ciclos, floraciones y transformaciones, y mediante intervenciones directas en el propio suelo. Se trata de una práctica en la que la creación y el activismo ecológico son genuinamente inseparables, y en la que la artista se posiciona no como una observadora del paisaje, sino como una participante en él.
“From a sensitive and rigorous practice, she creates pieces that celebrate permanence and slowness.”
Más allá de su trabajo sobre papel y lienzo, Lucía Prudencio también opera a escala arquitectónica. Un aspecto clave de su práctica es la creación de encargos murales site-specific (específicos para el sitio) tanto para espacios interiores como exteriores, ejecutados en blanco y negro o a color. Partiendo del mismo vocabulario visual que su grabado, sus motivos botánicos se expanden hasta habitar habitaciones enteras, transformando los espacios en entornos que existen en algún punto entre el interior y la linde de un bosque.
Habitar el territorio: la práctica de Lucía Prudencio